Interfaces en Lenguaje Natural


Las computadoras están entrando en todos los aspectos de nuestra vida cotidiana: en las oficinas, en las tiendas, en las escuelas, en los servicios públicos. Sin embargo, la gran mayoría del pueblo no tiene la preparación adecuada para usarlas ya que se requiere saber cómo se usan. Y nunca va a tener esta preparación, por el simple hecho: económicamente, más conviene que las máquinas se adapten al modo de la comunicación de las personas y no que todas las personas (las cuales sólo en el mundo hispanohablante son 400 millones), generación tras generación, aprendan cómo usar las máquinas –por ejemplo, aprendan el SQL para formular con precisión sus preguntas.

De esto surge la idea ya muy conocida de las películas de fantaciencia: las personas debemos poder hablar con las máquinas (o sea, los robots) como hablaríamos con nuestros sirvientes, dándoles órdenes en la forma cotidiana y escuchando sus respuestas.

Hablando de darles órdenes, no se trata de pronunciar los comandos especiales que de otra manera escogeríamos del menú: abrir, edición, copiar, guardar, salir (de modo similar a como se habla al perro pastor). En lugar de esto, se trata de hablar a la máquina como hablaríamos al ser humano.

Un tipo específico de las interfaces en lenguaje natural son preguntas complejas a una base de datos. Como un ejemplo, podemos mencionar el sistema TRAINS desarrollado en la Universidad de Rochester en los EE.UU. por James Allen. Este sistema vende los boletos de tren. El cliente –que puede ser cualquier persona sin ningún conocimiento sobre las máquinas– llama por teléfono a la estación de trenes y formula su necesidad: tengo que ir mañana en la tarde a Nueva York. El programa –sin siquiera darse cuenta el cliente de que habla con una máquina y no con una persona– trata de entender su pregunta e internamente la traduce a SQL, para ejecutar la búsqueda en su base de datos. Después, el programa conduce (por teléfono) el diálogo con el usuario, explicándole los precios y las condiciones, escuchando sus preguntas o comentarios sobre cuál boleto más le conviene, etc. Finalmente, si llegan al acuerdo, le reserva el boleto. Todo eso, nuevamente enfatizamos, no requiere del cliente ningún conocimiento previo sobre el manejo de los programas sino sólo el manejo natural de lenguaje que cotidianamente usa para hablar con otras personas.

El problema más importante de este tipo de aplicaciones es que –a diferencia de las aplicaciones en la recuperación de información– se requiere entender exactamente la intención del usuario, ya que el costo de error puede ser muy alto. Realmente, si el robot entiende incorrectamente el comando, pude hacer alguna acción destructiva o peligrosa. Si se malentiende la pregunta a la base de datos, la información proporcionada resultará incorrecta, lo que puede causar consecuencias graves.

Entonces, las interfaces en lenguaje natural en muchos casos requieren de las representaciones de información más detalladas y complejas, así como del análisis lingüístico más preciso y completo.

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